¿Autonomía, independencia o bipolarización política?

Ni una, grande y libre…

La tan cacareada unidad de España no deja de ser una entelequia en la España actual. La pandemia, que lo exacerba todo, ha dejado bien claro que en las Autonomías a algunos honorables les va el mando absoluto por encima del Gobierno de España, de los acuerdos interterritoriales y de las políticas de Estado. Y lo más bueno del caso es que las Autonomías que más se encierran en su independencia de facto, NO son aquellas que, clásicamente, son las más independentistas, tales como Catalunya o Euskadi, que, a su manera, respetan bastante los acuerdos sanitarios nacionales. Ciertamente, en Euskadi se reservan siempre el derecho de su autodeterminación sin ir a mayores, a cambio de recibir su correspondiente premio económico. Catalunya, en cambio, tras proclamar su independencia sin más, no se les caen los anillos en aceptar algunas de las normas que el infeliz Gobierno del Estado les manda, mientras llega su turno.

Pero ahora viene lo bueno:  hay una serie de autonomías comandadas por la derecha y lideradas por la muñeca diabólica, que se niegan a obedecer, porque a ellos nadie les quita competencias, aunque sea desde la mismísima Constitución que ellos tanto defienden de boquilla. La traca final es que a ellos se les suman otras dos autonomías comandadas por el PSOE que se han empeñado en demostrarnos que dentro del socialismo los hay de derechas, de izquierdas y traidores. Andalucía no cuenta, porque allí están en off.

O sea que, al final, hay gente independentista que va a la cárcel por desobediencia y gente que manda en sus Autonomías, hace lo que le viene en gana, pero, en vez de ir a la misma trena, se quedan tan ricamente en su palacio cosechando votos de la bienamada derecha, unitaria y constitucional en la letra cuando les conviene. La ley no es igual para todos, no solo por estatus personales, sino también por partidos e ideologías.

Nuestra opinión siempre ha sido que en este mundo global los minifundios independientes poco tienen que hacer frente a los Estados grandes, o uniones de Estados, como, por ejemplo, la UE. Hoy somos primero de la Unión, después de España, después de nuestro terruño y por último de nuestro pueblo. Y el que diga lo contrario miente.

Nuestra Constitución habla de Autonomías no necesariamente obligatorias, quedando además por determinar sus competencias, que han ido engordando a favor de unas en detrimento de otras, que hoy quieren seguir engordando en base a cargarse el Estado.

Pero hoy poco o nada tienen que ver los nacionalismos culturales, que siempre vamos a defender y a respetar como una riqueza peculiar de cada país, con sus propias normativas acordes a sus necesidades concretas, sino que lo que está pesando es un tremendo bipartidismo ideologizado por la derecha que pasa por encima tanto de la unidad española como del independentismo. Su meta primordial es acabar con un Gobierno de izquierda a toda costa, pasando por la desobediencia del Estado, de las directrices científicas del Ministerio de Sanidad y de lo que se tercie. Lo importante es ganar votos a base de populismos, aunque nos vaya la salud y el futuro en ello.

Es curioso este fenómeno que para nosotros es nuevo, alcanzando unas altísimas cuotas de sedición espoleadas por el fantasma independentista, que, hoy por hoy, no deja de ser un fantasma con sus divisiones y contradicciones que habrán de superar ellos y la otra España, aunque no se sepa bien cómo. Lo cierto es que habrá que aclararse en lo de la unidad española, en lo de las competencias de las Autonomías y en lo del derecho a hacer los referéndums que hagan falta para dilucidar quién quiere ser independiente del Estado español y quién no.

Mucho trabajo por hacer. Mucha España que limpiar. Muchos juicios pendientes. Pero es urgente hablar y votar en consecuencia. El pueblo primero, los parlamentos después. Porque así como vamos ahora vamos mal.

A la pandemia le sigue la crisis económica. Y ambas no parece que puedan  salir bien paradas si no superamos esta crisis política que nos tiene divididos en 2/17. Mucha división para tan pocos medios. Nos hacen falta gobernantes honestos a juego con un poder judicial independiente que brilla por su ausencia. Y, como no somos independientes, hay que conjugarlo con las políticas europeas de migración y comercio, que nos sitúan en el mundo con un poco más de fuerza que si nos centramos en ver quien manda más aquí.

La España plurinacional ha cambiado de mapa político muchas veces en su historia. No sería de extrañar que tuviéramos que diseñar otro más acorde a nuestros tiempos. Pero, sea como sea, no avanzaremos si no es con diálogo, con referéndum y sin corrupción. Y a ver si salimos de esta pandemia y no caemos en otra peor.

… ni 2 X 17

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