Autocrítica

A la muñeca diabólica le ha salido bien el tiro. Y ahora la ultraderecha está inflada de orgullo por lo que sueña conseguir: Gatolandia a corto plazo. Pero lo que a mí me importa no es lo que esté disfrutando la derecha ni lo que me duele a mí es el fracaso de la izquierda, sino que sigamos en las mismas unas y otras sin preguntarnos por qué.

Yo siempre he pensado que la izquierda en España está cayendo en picado en los últimos tiempos no sólo por el clásico ataque capitalista/fascista que pone un pedazo de queso a los ratones para que se crean que tienen algo. Pan para hoy y hambre para mañana. No bajar los impuestos, abrir la hostelería, acabar con Sánchez, celebrar que se vaya Iglesias…. Como si todo eso fuera el meollo de la cuestión.

Para mí, en esta España de pandereta y Autonomías, hay algo que une a toda la derecha: un afán capitalista de ganancia que les mantenga en su estatus superior, mientras reparten migajas a los de abajo, no sea que se revuelvan como se ha hecho en otras ocasiones históricas y acaben quitándonos lo que tenemos. Ese pensamiento les une de tal modo, que dan igual las diferencias. Tanto es así que ya en este momento nadie sabe diferenciar la derecha de la ultraderecha. Pero, lo que es peor todavía, nadie sabe distinguir muy bien dónde está la izquierda. Y eso es tremendo, porque, ciertamente, la desunión de la izquierda es evidente a nivel nacional y ya no digamos autonómico. Nada que ver la izquierda valenciana con la madrileña, por ejemplo. Y no hablemos de separatismos, porque la Catalunya más separatista es de derechas, como todo el mundo sabe. Y si no que se lo digan a Feijoo.

Y si Pablo Iglesias ha decido salir de la política no ha sido solo por los ataques que ha recibido de la derecha. Porque él tiene huevos para eso y más. Pero para lo que no tiene ya es para unir a su propia izquierda y a los personalismos individuales o regionales, algo que también ocurre en la derecha, pero bajo la sombrilla común del capitalismo.

¿Pero a la izquierda qué es lo que les une a todos? Yo creo que lo han olvidado. El socialismo renunció hace años a la internacional y al puño cerrado y con ello perdió la esencia del porqué se llaman socialistas. Y ya no digamos lo de UP que de unidas nada, ya que cada comunidad se cree más lista que las demás, y se han metido algunos contra su propio líder que no hacía más que recordar los principios por los cuales habían nacido. Y así se fue Andalucía, se parió MM, y se multiplicaron las mareas y otros movimientos que pensaban más en su independencia que en lo que les une, que al final queda en casi nada. La puñalada de Errejón se cristaliza en una líder que no admite paternalismos. Bien vamos.

Yo creo que el dilema es fácil de resolver. La derecha busca el Estado de la economía capitalista y los de izquierda el Estado de la Economía social. La derecha es nacionalista por definición y la izquierda es universalista por definición. Esas dos claves bastarían para distinguirles. No se trata de ganar más votos, ni de subir al poder. Se trata de que cada uno defienda los valores del capitalismo o del humanismo y a partir de ahí que el pueblo elija. Aunque la economía social nació del capitalismo para tener contentos a los de abajo, sí tiene el principio básico de buscar una sociedad igualitaria con un bienestar común a todas las personas y Estados. Tiene una lectura totalmente social comunista si es que se quiere profundizar en sus ideales.

Pero el gran pecado de la izquierda ha sido el miedo a perder votos. Y uno se pregunta por qué. Pongan todo su empeño en defender a todos por igual empezando por los más vulnerables e inviertan en ellos sus principales partidas presupuestarias. Y verán cómo les votan los parados, los excluidos, las personas con diversidad funcional, las personas cuidadoras, los trabajadores precarios, etc., si invierten miles de millones en mejorar su situación y no en mantener a los reyes, a los bancos, a los coches o a las industrias que favorecen a las élites. Todo se puede hacer, pero se trata de prioridades. Primero los de abajo y con lo que sobre lo de arriba, pero no al revés. Las energías limpias son las más baratas, la tecnología de guerra la más cara. Elijan sus prioridades y les votaremos.

Basta ya de hablar en femenino para luego seguir con la misma desigualdad que no da medios suficientes a las madres que no pueden mantener a sus hijos discapacitados. Basta de postureos y de izquierdas descafeinadas y más enfrentarse al lío: más sanidad, más libertad de expresión y más igualdad real. El PC ha de salir de su agujero y decir las cosas claras como hacía Anguita, más coletas y menos estirados. Que sepamos a quién votamos, todos. Incluso los que no piensan. Que de esos hay muchos en la izquierda y pocos en la derecha. Ellos solo piensan en sí mismos, en ir de copas, ganar dinero, buenos coches y los demás que se jodan.  Eso sí que da votos. Pero eso no es la vida que queremos los de izquierdas. Y por eso vamos cayendo. Hay que levantarse del suelo y volver a los principios, si es que queremos que esto cambie. Votemos al ratón que piensa y no al gato que promete.

Vota al ratón

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