Australia, ¿el principio del fin?

El mundo se derrite

Las noticias e imágenes de estos días sobre los terribles incendios seguidos de inundaciones apocalípticas en Australia nos han puesto ante los ojos de una manera indiscutible lo que está ocurriendo en muchas partes del mundo, con bruscos cambios climáticos cada vez más profundos. También lo estamos viendo en España y para este fin de semana tenemos anunciada la enésima superborrasca que se nos viene encima, al menos en la Comunidad Valenciana. Récords de temperaturas altas, nevadas imposibles, fenómenos costeros como nunca antes, vientos huracanados cada vez más cercanos a lugares en los que no se recuerdan haber visto.

Es verdad que hace mucho que los científicos están advirtiendo sobre los peligros para el futuro de la humanidad que nos trae el cambio climático provocado por el consumismo humano. Pero hoy las noticias nos hablaban de que lo de Australia, que nos ha dejado conmovidos a todos, es un anticipo de lo que nos viene. Es cierto que la conciencia internacional ha crecido espectacularmente durante este último año ante la evidencia de los hechos. Desde estas mismas páginas hemos hablado de la urgente necesidad de un cambio de política climática, que parece haberse tomado en serio el nuevo Gobierno de la nación. Pero ya hay científicos de prestigio como David Goodall, que afirman que es demasiado tarde para enfrentar estos cambios.

 La Organización Meteorológica Mundial (OMI) sostuvo que los niveles de dióxido de carbono en la atmósfera terrestre ya habían superado consistentemente la simbólica marca de 400 partes de CO2 por cada millón de moléculas (ppm). Según este organismo, estos valores se mantendrán de la misma manera durante muchas generaciones. La simbólica marca -que muchos científicos creen es prueba irrefutable de la responsabilidad humana sobre el cambio climático- ya había sido superada por primera vez en la historia moderna el año pasado.

Por tanto, no se trata de asustarse y cruzarse de brazos. Hay que ser responsables, creo que por primera vez en la historia, de que tenemos que intentar frenar ese cambio si queremos que la existencia humana perdure. Si en tan poco tiempo estamos viendo estos desastres que nos sobrevienen, ¿qué no tendrán que soportar las futuras generaciones? ¿Estamos condenados a la extinción por el simple hecho de no querer cambiar nuestros hábitos que se han demostrado peligrosos para el planeta? Justo en este sentido, ya en 1979, el filósofo alemán Hans Jonas aludía al principio de responsabilidad que el género humano debe a las futuras generaciones, si es que queremos siquiera que existan.

No nos contentemos, pues, con protestar, sino que comencemos ya a cambiar nuestras costumbres del día a día, si ya sabemos con seguridad que van en contra de la humanidad entera. Somos responsables individual y colectivamente. Y más responsables, cuanto más civilizados. Porque ha sido justamente la irresponsabilidad tecnológica la que nos ha traído hasta aquí, junto con el sistema de consumismo del primer mundo. Esperemos que en eso sí que nos podamos unir, porque si somos capaces de eso, muchos otros problemas sociales internacionales previos caerán por su propio peso, y algo de esperanza nos quedará.

¿Es este nuestro futuro próximo?

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