America First

Tengo un sueño….

La consigna USA (America First) repetida hasta la saciedad en su historia y coreada por el KKK, ha llegado al paroxismo con la era Trump que parece estar en sus últimos estertores de muerte y que, según parece, vuelven más rabiosos a los animales heridos y es peligroso acercarse.

La semana mediática que estamos soportando y lo que nos queda, confirma nuestra idea de que el famoso sueño americano, es más bien la náusea americana de un pueblo llamado USA, que ha tenido la desfachatez de apropiarse del nombre de todo un continente como consecuencia de su ilusión de que es la dueña y salvadora del mundo. Ideas muy peligrosas que combinan a la perfección con su torticera idea de democracia pistolera y su falta de respeto hacia cualquier cultura foránea. Su historia ha consistido en meter sus tentáculos en todo el mundo conocido, con sus armas y con sus dólares, matando a quienes les ha venido en gana y comprando a quienes les pueden sacar provecho.

Lo de Trump ha sido el zénit del fracaso USA en el mundo como democracia, como líder, y mucho más como ejemplo de lo que es la libertad. Ha hecho amigos con otros líderes descerebrados como Putin o Kim Jong-un y ha coreado a otros de la misma manada como Salvini o Bolsonaro.

Pero hay quienes siguen adorando a la abuela del capitalismo moderno y así nos lo hacen saber los medios de comunicación, que nos han machacado con las elecciones hasta el vómito, como si a nosotros nos fuera la vida en ello. Hemos visto un desastre de espectáculo que, no nos engañemos, hace juego con nuestros desastres nacionales, en donde también tenemos la deshonra de tener líderes políticos o jefes del Estado que han sido o todavía son verdaderos subnormales. La única diferencia es que nadie les otorga tanto poder como a las barras y estrellas. Porque, no lo olvidemos, si USA es el monstruo que es, es porque sus ciudadanos lo han querido y los demás lo hemos aplaudido con nuestro silencio y nuestro peloteo. Le hemos dejado hacer y ahora todo el mundo está deseando que se vaya. Como si el resto del mundo no fuera culpable de nada.

Recuerdo que cuando salió elegido Obama, el corazón de algunos nos latió con fuerza, esperando que se empezara a cumplir el sueño de Luther King. Pero el sistema americano no lo permitió y todo quedó en buenas intenciones y algún pequeño logro, que este último presidente se ha encargado de destruir con su muro de la vergüenza, real y metafóricamente.

Los medios de difusión poderosos en la actualidad tienen el vicio de repetirnos hasta la saciedad monotemas que desaparecen con la misma facilidad que aparecen. Pasan unos días fugaces y ya nadie se acuerda de las a veces tremendas injusticias de las que nos han informado. La guerra mediática que te obliga a suscribirte para leer artículos o poder votar peticiones aparentemente positivas, nos recuerda a la vez que el mercadeo capitalista pudre toda buena intención del que solo se salva algún profesional en algunos campos con acceso a la pantalla tonta.

En medio de la tragedia de nuestra mal gestionada pandemia que nos ha llevado a ser líderes en muertes y contagio, la cuestión nacional ha pasado a segundo plano por las elecciones americanas. Pobres de nosotros y, sobre todo, pobres los hombres y mujeres del tercer mundo, de los excluidos sociales en nuestras sociedades ricas, pobres de los grupos vulnerables que mueren como perros abandonados, pobres de quienes no tienen ni van a tener trabajo a cambio, sino, como mucho y con suerte, una limosna estatal que algunos no quieren que se les dé. Que no se toque a los ricos con impuestos.

Por eso es importante USA, porque es, en Occidente, la Mater et Magistra de nuestra despiadada conducta con los que más sufren. Por eso vale la pena que los medios hagan lo que haga falta para tenernos al día de las elecciones americanas. El abuelo que se ve que va a salir elegido nuevo presidente tiene una cosa a su favor: es imposible hacerlo peor que Trump. Así es que alegrémonos, que la cosa mejora, pero el problema de fondo no está resuelto y el capitalismo (disfrazado de política y democracia) sigue vivo. América sigue siendo la primera para casi todos, menos para China, para los fanáticos religiosos, y los países pobres antaño pseudocomunistas. Quizá también algún día Europa despierte de su letargo y saque sus raíces verdaderamente democráticas y traiga un poco de su racionalidad heredada a este caos global perdido en la desigualdad y la injusticia, consiguiendo la unidad mundial y aboliendo los falsos liderazgos de los supuestos salvadores actuales.  De momento no se ven trazas, pero la esperanza, como la de Obama, nunca se pierde.

Bienvenido, Mister Biden

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