Algo huele mal

Algo huele mal

A Hamlet, con razón, le olía mal lo que pasaba en palacio. Y aquí en España, ahora, no somos distintos. No vamos a hacer leña del árbol caído, porque el rey emérito se ha encargado él solito de derrumbarse a sí mismo y de paso a toda la institución, haciendo el ridículo más soberano ante todo el mundo. Lo de los 65 millones de Corinna, es lo último que tiene a bien descubrirnos el quinto poder por medio de uno de sus más insignes bocazas, tras unos años en los que nos vamos enterando a cuentagotas de lo que parece ser sabían todos los de la élite española y sus medios. Como somos tontos los ciudadanos de a pie, nos lo dicen poco a poco y según conviene a los intereses de la derecha española, que es la que de verdad ha mandado en España muchos años gracias a las instituciones monárquica y eclesiástica. Y siguen ciertas inercias. De estos aspectos sabe mucho Vicenç Navarro, del que os facilitamos una muestra sobre la Monarquía, centro del “establishment” .

Nadie podrá decir que las andanzas de nuestro monarca no se conocían, puesto que no las podía realizar sin la aquiescencia de los peces gordos del gobierno, de la política, del CNI y de la prensa, que, curiosamente, ha mantenido siempre un “respetuoso” silencio sobre la familia real, últimamente roto por algunos para mostrarnos la verdadera cara de nuestra corrupta sociedad. Un silencio cómplice que no hace sino sacar a la luz lo que de verdad ha sido la democracia española. Si el jefe del Estado se ha comportado así, ¿qué no habrán hecho sus servidores? Así se explica uno por qué España todavía no es un país laico, ni ha podido con la corrupción generalizada, ni ha asumido la responsabilidad social del Estado, cayendo en una bola de nieve en paro y desigualdad que avergüenza. Claro que España no es caso único pero sí que destaca mucho.

No es de extrañar que cada vez seamos más los que no creamos en nuestras instituciones y pidamos un cambio radical real en nuestro modo de vida social y político. Porque todo es una espesa tela de araña que se alimenta de la sangre de los de abajo. Estamos igual que hace siglos en lo social y peor que antes del conflicto armado español, que no supo gobernar una verdadera república. Hoy, muchos años después de aquella guerra, España sigue igual de dividida, pero con una derecha atroz, capaz de hacer cualquier cosa para que no cambie nada. El espíritu de Franco sigue en nuestros monarcas y sus cortesanos, muy numerosos, por cierto.

No nos cabe duda de que la monarquía ha sido cómplice de todo. No se trata de errores y buena voluntad, sino de una falta de responsabilidad social que salpica a la mayoría. No hay más que echar un vistazo a quienes defienden al rey a capa y espada para comprender lo que realmente significa una institución basada en un tiempo en el que el poder venía de dios, un dios en forma de rey o caudillo, que era muy generoso con aquellos que le mantenían vivo en su poder gratuito. Pero la desigualdad ontológica, es incompatible con la igualdad democrática.

Son muchas las cosas que han evolucionado y hoy vivimos un mundo global tecnológico que cambia las estructuras de producción y de consumo. Una sociedad civil que todavía ha de luchar contra los fanatismos religiosos y contra los que se resisten a perder su parcela de poder en aras del bien común.

La democracia no es perfecta porque el ser humano no lo es, pero tenemos la inteligencia para algo, para evolucionar hacia una sociedad igualitaria en derechos que nos mantiene como especie. Pero, aunque hasta en la cuna griega de la democracia se vivía a base de esclavos, sabemos que nada es inmutable, empezando por la monarquía, la iglesia o la constitución. Dios, patria y rey es un fiasco de L’ancien régime científicamente demostrado.

Se habló mucho de la transición democrática como “modélica”. Hoy sabemos que no ha sido así, aunque se nos engañaba para que lo creyéramos. Pero estamos en una situación de cambio de progreso hacia una mejor democracia, una nueva transición que intenta acabar con la corrupción y hacer realidad los principios democráticos y los derechos humanos. Al menos estamos comprometidos en ello. Por nosotros que no quede. A los gobernantes les toca decidir y darnos los medios para que hablemos. Tenemos muchas cosas que cambiar, empezando por la inviolabilidad real, los aforamientos parlamentarios, la prescripción de los delitos y la mentira como modo de defensa. Y luego hablamos todos, de tú a tú. A ver si la monarquía sigue en pie y España sigue siendo una, grande y libre.


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