Algo habrán hecho

La neutralidad no existe

Estos días hablando con gente corriente sobre la guerra que nos ocupa de pleno los telediarios, me he encontrado con un argumento que sale de vez en cuando y que sin duda se ha convertido en el arma más letal de la campaña torticera que, amparada en la mentira oficial, escampa más rápida que un virus desde la boca fascista: algo habrá hecho Ucrania, algo habrá hecho la OTAN, algo habrá hecho Zelensky, para provocar esta situación.  Y ahí queda plantada la semilla del diablo: Cuando el río suena….

Hasta anteayer cuando se hablaba de la violencia de los hombres hacia sus mujeres, siempre había una vocecita más o menos descarada que decía: algo habrán hecho para provocar. Hoy se sigue diciendo quizá más soto voce, o quizá lo siguen pensado muchos sin decirlo.

Quienes hemos padecido la contumaz educación católica aprendimos desde pequeños que nadie está libre de pecado y que cuando los fariseos intentaron apedrear a una mujer adúltera, Jesús les indica que tire la primera el que esté libre de pecado. Y, empezando por los más viejos, todos se marcharon sin tirar ni una (Evangelio de Juan 8, 1-11). Y lo mismo se dice ya desde antiguo en la leyenda de Sodoma y Gomorra, ciudades pecadoras a las que arrasó Dios, salvando a un solo justo (Génesis 19), y que han dado nombre a ciertos pecadillos usuales otrora nefandos.

Así pues, todos hemos temido el juicio final, porque, sin duda, todos hemos hecho algo malo. Pero la trampa está en que, si seguimos el sutil razonamiento de que algo habrá hecho el otro, acaba uno pensando que es el elegido de Dios al que se le salva de la quema. Y así tenemos razón en tirar piedras, bombas o lo que sea a quienes se comportan de otra manera distinta a la que yo quiero.

Por otro lado, entre los muchísimos pecados que había en la lista (así aprendí que había quienes se divertían de lo lindo con ciertos animales de granja), hay uno especialmente extendido y al que se le hace caso omiso: el pecado de omisión, valga la redundancia. Es decir que, como mucho, nos consideramos culpables de algunas cosas que hacemos, pero no de aquellas que hemos dejado de hacer, mirando a otro lado. El delito de omisión de la obligación de socorro (que puede conllevar hasta cuatro años de prisión) es una notable excepción, ampliada incluso al caso de abandono animal que es mucho más leve. Es decir, que ya no solo el maltrato, sino el abandono, empieza poco a poco a verse como un delito no tan inocente como parece.

Pero a otros niveles, sobre todo el internacional, estas omisiones brillan por su ausencia de reproche, cuando ni siquiera se tienen en cuenta las continuas vulneraciones a los derechos humanos incluida la vida, incluso en modo masacre o por métodos totalmente prohibidos por un código que nadie cumple, porque es más bien de honor, cosa que no existe entre quienes se creen los elegidos de dios para cometer tales atrocidades.

Otra de las armas silenciosas de la guerra fomentada por la derecha universal es la moderación, la supuesta neutralidad. Es conocido el caso suizo, cuya aparente neutralidad acabó el día en que decidió convertirse en el paraíso fiscal de todos los chorizos y maleantes del mundo. No solo ha financiado así muchas guerras (o todas) sino que ha llegado a encubrir todo tipo de delito económico, que es el que de verdad promueve todas las acciones violentas de poder y violencia del mundo.  Ser hoy neutral en algo es siempre sospechoso de dejación de responsabilidades o, lo que es peor, conducta oculta de aprovechamiento indebido de la situación para un enriquecimiento personal o social. Y lo mismo cabe decir de los moderados, enemigos de los extremos, cuando hay cosas que son sencillamente blancas o negras. Entre el ser y el no ser no hay término medio. Un principio metafísico al que ya nadie alude por estar pasado de moda en esta modernidad interesada en crear una visión distorsionada de lo que, desde una perspectiva más amplia y profunda, no podría sostenerse de ningún modo.

No es oro todo lo que reluce. Si algo nos provoca esta situación es la verdadera respuesta del cómo hemos llegado hasta aquí:  la clara respuesta es por omisión, por no cumplir los Tratados y dejar que otros no los cumplan, por manifestarse neutrales por un lado, pero financiando por otro las guerras en base a seguir comprando combustibles o escondiendo los negocios de trastienda que aportan armas y beneficios políticos a unos bloques u otros.                                           

Si Putin no ve que quienes ayudamos a sus enemigos ucranianos somos también sus enemigos, es porque no le conviene verlo. A cambio nos enseña sus modernas armas nucleares e impide, como en Sodoma, que de Mariúpol no salga ni una mosca (viva). Con fuego llovido del cielo, o sin fuego y con hambre. Es el elegido de Dios. El Elegido construye la realidad a su imagen y semejanza.

Todos los demás miramos horrorizados, dando gracias porque el Elegido no se fija en nosotros y haciendo, como siempre, todo a medias. Algo habrá que cambiar en el orden mundial para acabar con esto. Empezando por un examen de conciencia individual y grupal como naciones. Salvar la tierra del desastre ecológico y salvar al mundo de las dictaduras es nuestra misión. Pero no hay arrestos para hacerlo a las claras. 

La neutralidad no existe. La honestidad es ya un valor escaso. Acudamos a la poca que nos queda porque si no acabaremos mal. Los muertos caerán sobre nuestras cabezas, aunque tengamos los brazos cruzados. Las consecuencias son imprevisibles. La OTAN lo sabe, USA, la UE y todos nosotros. Y los países que no hablan también.  

La justicia bíblica

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