Agravios comparativos

Esta imagen podría ser de muchas ciudades del mundo

Todos somos Ucrania. Y así nos sentimos. La pregunta es: ¿por qué no nos sentimos Siria, Libia, Yemen, Palestina, Etiopía, Mozambique, Colombia, Nicaragua, Cuba, Chad, Guinea conakry, Níger, Sudán, Myanmar, Gambia, Corea del Norte, o Nepal? Todos estos y otros más sufren conflictos bélicos o invasiones.

Y también nos podemos preguntar por los 32 países que todavía siguen con régimen dictatorial  algunos de cuyos nombres ni siquiera sabemos nada. O ¿por qué tras tantas invasiones ahora resulta que se reacciona en Occidente de un modo tan espectacular?

La respuesta es sencilla: porque tenemos claro que nos afecta directamente y no sabemos aún hasta dónde llegará a afectarnos. De momento ya hay histeria con el aceite de girasol, cuando tenemos de sobra aceite de oliva o la muñeca diabólica, cuya mezquindad representa a la derecha española renovada, se pregunta por qué no se invierten los 2.000 millones de Igualdad para ayudar a la crisis desatada por la guerra. Casualidad que piense como VOX.

¿Por qué no invertir los millones en defensa o los millones en ganancias en ventas de armas para ayudar a Ucrania y a todos los demás?

Acogida sin paliativos, vuelta a los hogares, acogida familiar, trabajo, universidades, ayudas económicas, reunificación familiar, etc. De verdad que todo eso nos parece estupendamente bien. No solo eso, sino que quizá ha llegado la hora de replanteárnoslo TODO. Porque todo nos afecta. Y hay muchas personas en España que pasan años para poder recibir ayudas a su discapacidad por el hecho de ser extranjeros, o se devuelven en caliente porque no tienen papeles. Y no hablemos del trabajo, sanidad y una vivienda digna.

Que no se equivoquen los de VOX: nadie viene a quitarnos nada. Somos los del primer mundo los que primero les hemos robado a ellos. Y eso que les damos con generosidad, según se dice orgullosamente por los telediarios, esos montones de voluntarios que ponen sus casas, su vida y sus coches haciendo viajes de miles de kilómetros, son gente, sin duda, ejemplar. Pero, ¿por qué ahora, por qué no con los demás?

Ponerse histéricos porque no dispongamos de un excedente de millones de litros de aceite de girasol, cuando no nos falta de nada y otros pasan hambre en el mundo, penurias y guerras, es de vergüenza. ¡Vaya sociedad generosa, cuando quiere y le conviene!

Naturalmente esto es cuestión de POLÍTICA con mayúsculas, de política mundial, más allá de Europa y de la OTAN, que no deja de oler a guerra. Si al final la sangre ucraniana ha servido para despertar la conciencia de los pueblos, no habrá sido sangre en vano. El tiempo lo dirá. Una nueva realidad, una nueva sociedad, una nueva mentalidad social. Un nuevo pacto.

Esta crisis ha recordado también la dependencia energética que todavía tenemos de los combustibles fósiles que están acabando con el planeta. Se habla de coches eléctricos, bicis, y cosas así. Pero, ¿alguien piensa en los millones de litros de combustible que se utiliza en la pesca, comercio marítimo, transporte aéreo, cruceros, etc.? Hoy preocupa el precio de la gasolina a causa de la crisis del gas, cuando lo que nos tendría que preocupar es acabar con ese tipo de energía por las nuevas energías verdes. Todos nos lamentamos, sin pensar que todo esto que nos ha desatado la invasión de Ucrania es el fruto de todo lo sembrado en los siglos del pasado próximo. Todo está interconectado y no hemos querido verlo. Y ¿por qué se consiente ese abuso de poder económico de las grandes empresas eléctricas/energéticas?

Quienes tienen el poder tienen la mayor responsabilidad de poner las bases para  cambiar. Y los ciudadanos debemos exigirlo de verdad. Y dejarnos de populismos y crispaciones con oscuras intenciones que tratan de tapar esta realidad meridiana que nos ha tirado en la cara el pueblo ucraniano y el dictador ruso, cada parte desde la perspectiva opuesta: ambición imperialista unos, heroísmo los otros.   

No se puede vivir en un materialismo absoluto y mucho menos en una dictadura política dentro de una sociedad global. O cambiamos o tendremos que volver a las cavernas, a empezar de cero, si las bombas del loco dejan a alguien vivo por los errores del pasado y del presente, que todos, como sociedad, hemos cometido.  

¿Alguien conoce a este dictador y en qué país está?

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