Adiós monarquía, adiós

El legado de nuestros padres

Ya hace tiempo que dijimos que algo olía mal en nuestra institución monárquica y creemos que es hora de planteárselo en serio. La monarquía es algo del pasado en la historia, aunque se porte bien. Pero ya es un pasote soportarla cuando se porta mal. Y no lo decimos por el nuevo rey que nos cayó directamente del cielo por el hecho de ser hijo del anterior, sino porque, aparte de las fechorías que haya podido cometer su padre, se trata de invalidar la institución que hemos mantenido todos a base de sacar una democracia adelante, nacida herida de muerte, al comenzar aceptando una monarquía impuesta por el anterior dictador. España no será plenamente democrática hasta que no decida por sí misma quién ha de ser su jefe del Estado. Ya hemos crecido. Ya tenemos libertad, a pesar del silencio cómplice de instituciones y ciudadanos ante el mal hacer del anterior rey, defendido fanáticamente por los mismos que defendieron al dictador: los que no quieren libertad, los que quieren volver a la España del águila imperial.

No es cuestión de echarse las culpas. Es cuestión de crecer y ser, por fin, una democracia en donde decidimos lo que queremos ser y cómo lo queremos ser. Los aires conservadores de Europa no auguran nada bueno. Los tiempos de penuria que nos vienen, tampoco. Pero precisamente la sensación de renacer tras una crisis global sanitaria y social sin precedentes, nos debe hacer pensar en lo que queremos conseguir con nuestra libertad, al menos en España, nuestra casa.

Es hora de planeamientos claros y sencillos, metafísicos, de lógica aplastante. No se puede ser demócrata a medias. No se puede ser social a medias. No se puede hablar de igualdad en una sociedad de privilegios. Es cuestión de principios y de respeto a lo que nosotros mismos hemos ido conquistando. Pero hay que dejar viejas inercias, procurando que nadie quede atrás y que nadie quede herido por el camino. Sin violencia, pero con claridad. Las familias reales son las de la calle, no las de los palacios. Es hora de votar, empezando por lo más nuclear de nuestro sistema. Y la monarquía está en ese núcleo, entre otras cosas, que habrá que eliminar.  Las repúblicas no han sido modelos perfectos, pero sus ideas perduran hasta hoy, como una meta a alcanzar.

Nuestros abuelos en democracia

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