15 € de democracia

15 € de democracia

Ya casi nadie en los medios habla de los 15 € de subida del salario mínimo. Todo el mundo lo da por hecho y contentos, porque se ha subido y va a seguir subiendo hasta una friolera de euros que nos deja boquiabiertos por su miseria comparativa con otros países y dentro de nuestro país entre sus distintos colectivos. Si a eso le añadimos la cantinela de que  nuestra economía sube y sube por encima de los demás, resulta que a uno le entra la duda cartesiana de que si esto es realidad o ficción.

La experiencia de cada día nos muestra la cantidad de gente sin trabajo o en precario y la bajada en la calidad y cantidad de los servicios públicos y privados. Pero, eso sí, los precios subiendo en todo, incluida la alimentación, vivienda y luz, junto con otras partidas básicas. Al final la culpa la tiene el precio del gas, ante cuya especulación dice el Gobierno que no puede hacer nada.

Después de una ardua lucha y con la oposición natural del empresariado, se han subido 15 € que todos sabemos para lo que sirven: unos minutos de luz en un día, comer en un chino, un trayecto en taxi (según donde), cortarte el pelo en una peluquería chunga, ir al cine a ver sonrisas y lágrimas, unas chancletas de mercadillo, unas chuches, un pase al zoo (si lo hay) o un suplemento confort para transporte Bussines. Nada de gourmet, que eso ya es para otra clase de gente que no cobra el SMI.

Si añadimos que la mayoría de personas tienen un trabajo de horario reducido o temporal, como corresponde a un Estado con una enorme brecha social y un trabajo precario en su conjunto, nos quedamos ya convencidos de que esta subida salarial es un insulto a la inteligencia nacional.

Uno de los eslóganes más repetidos en esta pandemia es aquello de que nadie se va a quedar atrás, reiterándolo hasta la saciedad en casos de catástrofes naturales o no tan naturales que estamos sufriendo en estos tiempos de cambio climático por inundaciones y por (¡vaya oportunidad!) erupción volcánica que cierta ministra infectada de buenismo estructural ha calificado como una opotunidad turística.

Y sigue siempre la pregunta, ¿seremos capaces de superar TODOS esta crisis pandémica, ecónómica, climática y estructural? ¿Será cierto que nadie se quedará atrás? Porque el presente nos enseña que ya hay gente que se queda atrás, ya hay gente que ha sufrido la precariedad hasta la muerte por falta de atención social y porque la pobreza sigue subiendo, mientras la riqueza de unos pocos privilegiados también sigue subiendo.

Los que no tienen un trabajo digno, nunca podrán tener un salario digno. Así es que hay que comenzar por lo primero: trabajos y viviendas dignas, apoyos sociales dignos a todos los colectivos vulnerables y una reforma estructural que acabe con esta maldita brecha que se puede cambiar a golpe legislativo y democracia, cosa que parecen no entender grandes sectores poderosos de la sociedad, en cuyas manos está poder distribuir mejor la riqueza y el bienestar.

Sí, subir el SMI es un avance. Pero subirlo 15 € al mes una miseria acorde con nuestro débil Estado social, víctima de su propia corrupción, que no levanta cabeza ante tanta adversidad como la que estamos padeciendo desde el comienzo de esta pandemia. Los protagonistas del diálogo social no dan la talla. Unos por contentarse con tan poco y otros por no querer siquiera hablar. Necesitamos un Gobierno más fuerte y valiente que nos saque de verdad de esta brecha sin fondo. Necesitamos una sociedad más digna y valiente que luche por sus derechos y no se contente con ser un mendigo global. En resumen: más democracia sin vivir en la ficción de creernos una democracia plena. (¿Dónde la hay?).

No dejaremos a nadie atrás

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